El embudo y el Mundo

Era un pequeño mundo con una forma muy rara. En su parte más angosta vivían los
amantes de la gravedad, allí todo era seguro, firme y podían verse claramente las
paredes. No había dudas de lo que se podía o no hacer, las opciones eran pocas pero
seguras.

Un poco más arriba estaban los que disfrutaban del vértigo, podían flotar hacia arriba,
hacia abajo, dar vueltas de acá hacia allá. Y aunque las paredes estaban podían jugar a
que no las veían, bastaba con dar una vuelta en el aire y mirar hacia otro lado. Y lo más
importante: si miraban hacia abajo tenían la seguridad de que había alguien ahí.

Ocultos en las sombras estaban los guardianes de las paredes: se ocupaban de que
todo se mantuviese en orden, los de la gravedad abajo, los flotadores arriba…así se
aseguraban el equilibrio constante: el orden y un poco de alboroto que mantuviese
entretenidos a todos.

Pero había quienes recordaban historias de unos pocos que habían salido y quisieron ir
más allá: creían –no estaban seguros- que debía haber más, la angustia que seguía
escondida en su pecho los empujaba a buscar algo más. Debía haber una salida en
algún lado.

Y después de caminar y avanzar por las paredes llegaron a un lugar desconocido donde
las paredes parecían ampliarse, donde tenían que caminar hacia arriba en una
pendiente resbaladiza, y donde al final, parecía que hasta las paredes se terminaban y
realmente podían volar hacia donde quisieran…

Y vieron que esa era la salida hacia el mundo. Habían estado viviendo en un embudo.

1 comentario en “El embudo y el Mundo”

  1. Que hermoso cuento , me recuerda a mi inicio del proceso, estaba con los que no se arriesgaban pero sabia que habia algo mejor. Hoy puedo decir que me siento feliz viviendo eso mejor-

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